Tengo los ojos puestos en el
Señor, porque Él me libra de todo peligro. Mírame, Dios mío, y ten piedad de
mí, que estoy solo y afligido.
Oremos:
Dios misericordioso, fuente de toda bondad, que nos has propuesto como remedio
del pecado el ayuno, la oración
y las obras de misericordia; mira con piedad a quienes reconocemos nuestras
miserias y estamos agobiados por
nuestras culpas.
Por nuestro, Señor Jesucristo...
Amén.
Danos agua para beber
Lectura del libro del Éxodo 17,
3-7
En aquellos días, el pueblo,
torturado por la sed, murmuró contra Moisés:
"¿Nos has hecho salir de Egipto para hacernos morir de sed a nosotros, a
nuestros hijos y a nuestro ganado?"
Moisés clamó al Señor y dijo:
"¿Qué puedo hacer con este pueblo? Poco falta para que me apedreen".
Respondió el Señor a Moisés:
"Preséntate al pueblo llevando contigo algunos de los ancianos de Israel;
lleva también en tu mano el bastón con que golpeaste el río y vete, que allí
estaré yo ante ti, sobre la peña, en Horeb; golpearás
la peña y saldrá de ella agua para que beba el pueblo".
Así lo hizo Moisés a la vista de los ancianos de Israel. Y puso por nombre a
aquel lugar Masá y Meribá,
por la rebelión de los hijos de Israel y porque habían tentado al Señor
diciendo:
"¿Está o no está el Señor en medio de nosotros?"
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del salmo 94
Señor, que no seamos sordos
a tu voz.
Utínam hódie, vocem
Dómini audiátis: «Nolíte obduráre Corda vestra».
Vengan, lancemos vivas al
Señor, aclamemos al Dios que nos salva. Acerquémonos a Él, llenos de júbilo, y
démosle gracias
Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Utínam hódie, vocem
Dómini audiátis: «Nolíte obduráre Corda vestra».
Vengan, puestos de rodillas,
adoremos y bendigamos al Señor, que nos hizo, pues él es nuestro Dios y
nosotros, su pueblo; él es nuestro pastor y nosotros, sus ovejas.
Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Utínam hódie, vocem
Dómini audiátis: «Nolíte obduráre Corda vestra».
Hagámosle caso al Señor, que
nos dice: "No endurezcan su corazón, como el día de la revelación en el
desierto, cuando sus padres dudaron de mí, aunque habían visto mis obras".
Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Utínam hódie, vocem
Dómini audiátis: «Nolíte obduráre Corda vestra».
Dios ha infundido su amor en
nuestros corazones por medio del Espíritu Santo
Lectura de la carta del apóstol
san Pablo a los Romanos 5, 1-2.5-8
Hermanos:
Ya que hemos sido justificados por
la fe, estamos en paz con Dios, por mediación de nuestro Señor Jesucristo. Por
Él hemos obtenido con la fe la entrada al mundo de la gracia en que nos
encontramos; y podemos gloriarnos de tener la esperanza de participar en la
gloria de Dios.
La esperanza no defrauda, porque Dios ha infundido su amor en nuestros
corazones por medio del Espíritu Santo que se nos ha dado.
En efecto, cuando todavía no teníamos fuerzas para salir del pecado, Cristo
murió por los pecadores en el tiempo señalado.
Difícilmente habrá quién quiera morir por un justo; aunque puede haber alguno
dispuesto a morir por una persona sumamente buena.
Y la prueba de que Dios nos ama está en que Cristo murió por nosotros, cuando
aún éramos
pecadores.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Honor y gloria a Ti, Señor Jesús.
Señor, Tú eres el Salvador del mundo. Dame de tu agua viva para que no vuelva a
tener sed.
Dómine, tu es vere Salvátor mundi; da mihi aquam vivam, ut
non sítiam.
Honor y gloria a Ti, Señor Jesús.
Un surtidor de agua que salta hasta
la vida eterna
† Lectura del santo Evangelio según
san Juan 4, 5-42
Gloria a Ti, Señor.
En aquel tiempo llegó Jesús a un pueblo
de Samaria, llamado Sicar, cerca del campo que dio
Jacob a su hijo José: allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, cansado del camino,
estaba allí sentado junto al pozo. Era cerca de mediodía.
Entonces llegó una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dijo:
"Dame de beber". (Sus discípulos habían ido al pueblo a comprar
comida).
La samaritana
le contestó:
"¿Cómo Tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?"
(porque los judíos no se trababan con los
samaritanos).
Jesús le dijo:
"Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, tú le
pedirías a Él, y Él te daría agua viva".
La mujer le respondió:
"Señor, si no tienes con qué sacar agua y el pozo es profundo, ¿cómo vas a
darme agua viva? ¿Eres Tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo
del que bebieron él y sus hijos y sus ganados?"
Jesús le contestó:
"El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua
que yo le daré, nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá
dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna".
La mujer le dijo:
"Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a
sacarla.
Ya veo que eres profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y ustedes
dicen que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén".
Jesús le dijo:
"Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén
adorarán al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos a uno
que conocemos, porque la
salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los
que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y en verdad,
porque así es como el Padre quiere que se le dé culto. Dios es espíritu, y los
que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad".
La mujer le dijo:
"Sé que va a venir el Mesías, Cristo; cuando venga Él nos lo explicará
todo"
Jesús le dijo:
"Soy yo, el que habla contigo".
Cuando los samaritanos llegaron a verlo, le rogaban que se quedara con ellos. Y
se quedó dos días. Muchos más creyeron en Él al oír su palabra, y decían a la
mujer:
"Ya no creemos por lo que tú nos has contado, pues nosotros mismos lo
hemos oído y sabemos que Él es de verdad el Salvador del mundo".
Palabra del Señor.
Gloria a Ti, Señor Jesús.
Celebrante:
Instruidos por el ejemplo de Jesús, el Señor, que en el desierto se entrega a
la oración, oremos también nosotros con insistencia a nuestro Dios:
(Respondemos a cada petición: Te lo pedimos Padre, escúchanos.)
Para que todos los fieles, por
medio de las penitencias y prácticas cuaresmales, sean purificados de sus
culpas y vean fortalecida su vida cristiana, roguemos al Señor.
Te lo pedimos Padre, escúchanos.
Para que todos los pueblos alcancen
la paz, la tranquilidad y el bienestar necesario, y puedan así buscar más
fácilmente los bienes del cielo, roguemos al Señor.
Te lo pedimos Padre, escúchanos.
Para que el Señor conceda su fuerza
a los que se ven tentados o se sienten turbados, infunda el deseo de la
conversión a los pecadores y otorgue el consuelo del cielo a los que están
tristes o abatidos, roguemos al Señor.
Te lo pedimos Padre, escúchanos.
Para que el Señor infunda en todos
nosotros el deseo de una verdadera conversión, a fin de que nos preparemos a
celebrar debidamente el sacramento pascual de la penitencia, roguemos al Señor.
Te lo pedimos Padre, escúchanos.
Celebrante:
Señor Dios nuestro, fuente de todo bien, que nunca dejas de ofrecernos el agua
viva de la gracia que brota de la roca, que es Cristo, el Salvador; escucha
nuestras oraciones y concédenos el don del Espíritu, para que manifestemos con
valentía nuestra fe y anunciemos con gozo a nuestros hermanos las maravillas de
tu amor.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Que esta eucaristía, Señor, nos obtenga
a quienes imploramos tu perdón, la gracia de saber perdonar a nuestros
hermanos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
La samaritana
En verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre
Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Quien, al pedir agua a la samaritana, ya había infundido en ella la gracia de
la fe, y si quiso estar sediento de la fe de aquella mujer fue para encender en
ella el fuego del amor divino.
Por eso,
Señor, te damos gracias y proclamamos tu
grandeza cantando con los ángeles:
[Misa]
El que beba del agua que yo
le daré, dice el Señor, nunca más tendrá sed; el agua que yo le daré se
convertirá dentro de él en una fuente que salta hasta la vida eterna.
Alimentados ya desde esta vida
con el pan del cielo, prenda de nuestra salvación, concédenos, Señor,
manifestar en todos
nuestros actos el misterio de tu eucaristía.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
.